viernes, 3 de julio de 2015

DICTADORES MODERNOS - Los dictadores del siglo XXI
























DICTADORES MODERNOS
Los dictadores del siglo XXI

El periódico The Wall Street Journal de Nueva York publica un artículo titulado “Los dictadores modernos invocan la democracia”, cuyo autor es el periodista William J. Dobson, quien señala que aún quedan algunas dictaduras retrógradas de la vieja escuela, Corea del Norte, Turkmenistán y Guinea Ecuatorial, capaces de grandes crímenes, como nos recuerdan las espantosas escenas de Bashar al Assad en Siria.


Pero los nuevos regímenes autoritarios son encabezados por dictadores “más inteligentes”, quienes entienden que en un mundo globalizado las formas más brutales de intimidación, como las detenciones en masa, los pelotones de fusilamiento y las violentas represiones, lucen mejor remplazadas por formas más sutiles de coerción.


















En lugar de detener a miembros de grupos de derechos humanos, Vladimir Putin, de Rusia, despliega recaudadores de impuestos o inspectores sanitarios para desactivar a disidentes. Hugo Chávez se asegura de que las leyes estén redactadas en términos generales y luego las utiliza para atacar a los grupos que él considera una amenaza. En vez de disparar a todos los medios hace excepciones de medios pequeños –periódicos en general- que permiten un debate público limitado.

El escritor estadounidense recuerda que los líderes soviéticos solían organizar elecciones y anunciaban que habían ganado con 99 por ciento de los votos. Hoy, los operarios del Kremlin dejan de llenar las urnas electorales cuando ya alcanzaron 70 por ciento de los votos. Los dictadores modernos entienden que es mejor dar la impresión de ganar una elección reñida que robarla abiertamente.

Sin embargo, Dobson no solo menciona el mal sino también el remedio: “El autoritarismo moderno es más duradero que el destino de un solo dictador, porque tiene más vulnerabilidades”, y sugiere que el fin de esos regímenes está en las calles y en las plazas, es decir, en la movilización de la población bajo banderas democráticas.

Lo que William J. Dobson hace con su editorial es ratificar y aclarar episodios históricos, duros y crueles por los cueles han pasado la mayoría de países del mundo; dureza y crueldades de las que no han estado exentos los países del continente americano. Escenarios que para los nuevos dictadores presenta un reto más importante, más vital, que disponer de fuerzas represivas: ¡escuchar a los pueblos! 


Jaime Guevara Sánchez 
http://www.elheraldo.com.ec/index.php?fecha=2015-06-18&seccion=Editoriales&noticia=56176

Los hijos del Poder








LOS HIJOS DEL PODER

Muchos de ellos se criaron en el seno de las familias más influyentes de sus países, y crecieron al abrigo del poder de sus padres. No conocen el anonimato: están expuestos a los flashes de manera permanente y se han acostumbrado a la omnipresencia de sus guardaespaldas. En ocasiones, sus actos privados pueden convertirse en asuntos de Estado. Son conscientes de que viven en el centro de atención de la opinión pública. Aunque, a juzgar por las polémicas y escándalos que han protagonizado, a veces parecen no recordarlo.

Un conocido versículo de la Biblia dice que «el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo». Sin embargo, los «hijos del poder» han causado más de un dolor de cabeza a varios presidentes de Iberoamérica, cuyos gobiernos han enfrentado críticas por los gustos ostentosos de sus herederos, apariciones públicas bochornosas, obtenciones cuestionables de privilegios o casos de presunta o probada corrupción en los que se vieron involucrados. El «mal» de los hijos incómodos no discrimina: alcanza a jefes de Estado de todo el continente de diversos signos políticos, hombres y mujeres, populares e impopulares.

Nicolás Maduro Guerra. Homónimo de su padre, el único hijo del presidente venezolano, de 25 años, fue objeto de una intensa polémica cuando, en 2013, Nicolás Maduro lo designó a dedo como jefe del Cuerpo de Inspectores Especiales de la Presidencia, el organismo que supervisa las acciones de gobierno. «Me toca por ser mi papá el presidente», se justificó «Nicolasito». El joven fue designado en un alto cargo con apenas 23 años, sin experiencia ni título universitario, y con una carrera en Economía recién comenzada. Después de aquella polémica, en 2014, el hijo de Maduro se convirtió además en el director de la Escuela Nacional de Cine, lo que generó resquemores en círculos artísticos. «Nicolasito» volvió a ser noticia algunas semanas atrás, cuando fue filmado en una boda en el Gran Meliá, uno de los hoteles más lujosos de Caracas, mientras una lluvia de dólares caía a su alrededor.

Máximo Kirchner. Con un asombroso parecido en su forma de hablar a su padre, el difunto expresidente Néstor Kirchner, Máximo (38 años) es tal vez el personaje más influyente de la política argentina después de su madre Cristina Fernández. Lidera la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora e integra el ínfimo círculo político de personas cercanas a su madre. Está involucrado en el llamado caso «Hotesur», una investigación judicial sobre presunto lavado de dinero en torno al empresario Lázaro Báez, quien fue acusado de haber contratado habitaciones en un hotel de los Kirchner que nunca fueron ocupadas, lo que sería un indicio de una maniobra de blanqueo. Según la prensa argentina, Máximo habría firmado algunos de los documentos que investiga la Justicia. En las últimas semanas, el oficialismo argentino comenzó a alentar la idea de que Máximo se presente como candidato a diputado en las elecciones de octubre. En ese caso, los fueros parlamentarios lo blindarían contra un eventual avance de las pesquisas.

Sebastián Dávalos Bachelet. En febrero pasado, el llamado caso «Nueragate» se convirtió en el primer gran escándalo sufrido por Michelle Bachelet. La prensa chilena reveló que una empresa de la cónyuge del hijo de la mandataria, Sebastián Dávalos (37 años), había recibido un crédito por más de diez millones de dólares del Banco de Chile. El monto se había aprobado un día después del triunfo de Bachelet en las urnas. Poco después se comprobó que el crédito había sido negociado durante una reunión entre Dávalos y su mujer con el vicepresidente del banco. Dávalos publicó una declaración patrimonial para atemperar las críticas, pero ya era demasiado tarde: la certeza pública de que el hijo de Bachelet había incurrido en tráfico de influencias le obligó a renunciar a su cargo de director del Área Sociocultural de la Presidencia.

Laureano Ortega. Uno de los hijos del presidente nicaragüense Daniel Ortega es consultor de la agencia gubernamental de promoción de inversiones ProNicaragua, un puesto clave que lo ha convertido en intermediario entre su padre y el magnate chino Wang Jing, quien tiene en sus manos el multimillonario proyecto para construir un canal interoceánico en Nicaragua. Durante su último encuentro con Wang, Laureano llamó la atención al exhibir un Rolex valorado en más de 43 mil dólares. Según el diario «La Prensa», el hijo presidencial es fanático de los relojes y en su colección cuenta con varios modelos de alta gama.Sus ostentosos gustos atizaron la polémica sobre los orígenes de la fortuna de la familia Ortega.

Juan Pablo Cartes. Lo del hijo del presidente paraguayo Horacio Cartes fue un verdadero bochorno: en 2013, Juan Pablo fue filmado en la entrada de un hotel de Miami, visiblemente borracho e intercambiando golpes con otro sujeto tan ebrio como él. En aquella oportunidad, el hijo del jefe de Estado paraguayo -quien tiene participación accionaria en el imperio económico que posee su padre en su país- llegó a ser arrestado por la Policía.

Esteban Santos. En Colombia, el hijo menor del presidente Juan Manuel Santos cumplió con el servicio militar como cualquier colombiano. Sin embargo, los privilegios de los que gozó durante su paso por el batallón generaron un fuerte malestar en el ámbito castrense, e incluso algunos oficiales expresaron sus quejas al Ejecutivo. Molestó el hecho de que, a los 19 años, a Esteban se le permitiera marchar junto a oficiales de alto rango en celebraciones y galas. Tampoco agradó que el joven elogiara a su padre, cuando los militares tienen prohibido hablar de política.

http://www.abc.es/internacional/20150505/abci-hijos-discolos-poder-iberoamericano-201505032036.html

Nicaragua - El poder queda en familia




Nicaragua - El poder queda en familia

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, asistió a finales de enero a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en Costa Rica, acompañado de una comitiva familiar. Para el evento el mandatario había nombrado a su mujer, Rosario Murillo, como “canciller en funciones de Nicaragua”, y a dos de sus hijas, Camila y Luciana, como asesoras presidenciales, mientras que el mayor, Rafael, asistía con rango de ministro. Con este viaje familiar el mandatario, llamado Comandante Ortega en Nicaragua, dejaba en evidencia a nivel internacional una de sus prácticas comunes desde que regresó al poder en 2007, el nepotismo como política de Estado.

Desde que asumió la presidencia, tras casi dos décadas en la oposición, Ortega nombró a su esposa como vocera del Gobierno, a cargo del pomposo Consejo de Comunicación y Ciudadanía, cuyas funciones van desde el manejo de la publicidad estatal, el control de la información pública y los medios de comunicación, la administración del día a día del Estado (Murillo pone y quita ministros), el manejo de las campañas electorales del Frente Sandinista (el partido gobernante, dominado por la familia Ortega), la organización de los eventos públicos del Presidente, el recibimiento de visitas oficiales extranjeras..., hasta el manejo de emergencias nacionales, como sucedió el pasado abril, cuando una serie de fuertes sismos sacudieron el país. Con su nuevo nombramiento, la primera dama parece dispuesta a dictar hasta la política exterior de Nicaragua, en detrimento del canciller oficial, el sandinista Samuel Santos.

El mandatario nicaragüense cuenta con una lista de 24 asesores presidenciales, entre los que destaca —además de Luciana, Camila y Rafael— su hijo Laureano Ortega Murillo, asesor para inversiones y quien estuvo a cargo de contactar al empresario chino Wang Jing para negociar la concesión para la construcción de un Canal Interoceánico en Nicaragua. Ha sido Laureano Ortega quien ha encabezado las delegaciones presidenciales a China y Rusia, dos de las potencias emergentes con las que Daniel Ortega coquetea. Rusia ha prometido a Nicaragua apoyo militar para combatir el narcotráfico, además de ayuda alimentaria y cooperación técnica.

Para los analistas, la decisión de Ortega de nombrar a esposa e hijos para cargos públicos, violando la Constitución y las leyes de probidad del país, se enmarca en una larga tradición de nepotismo que nació con la conquista española, y que alcanzó su máxima expresión durante la dinastía somocista, cuando el poder se pasó, durante más de 40 años, de padre a hijo y se repartió entre hermanos.

“Es una práctica que se hereda desde la época colonial. Pedro Arias de Ávila, primer gobernador de Nicaragua, se las ingenió para que lo sucediera su yerno, Rodrigo de Contreras. El nepotismo era parte del sistema colonial”, explica el analista político Carlos Tünnermann. “El vicio del nepotismo forma parte de la cultura política nicaragüense, una cultura atrasada. Los mandatarios ven al poder como cosa patrimonialista, y no ven mal que se aprovechen de eso sus mismos parientes”, añade.

Con el nombramiento de sus hijos como asesores y de su esposa como vocera del Gobierno y como canciller, el presidente Ortega viola la Constitución de Nicaragua, recientemente reformada por él para permanecer en el poder indefinidamente. Azahalea Solís, experta en temas constitucionales, afirma que Ortega ha violado el artículo 130 de la Constitución, que establece que los funcionarios públicos, incluido el presidente, no pueden nombrar en cargos del Estado a sus familiares. Solís explica que Ortega, además, violó el artículo constitucional 138, que determina que el nombramiento de un ministro debe ser ratificado por la Asamblea Nacional, lo que en el caso de Murillo no ocurrió. “La de Ortega es como una monarquía feudal, absolutista”, dice Solís.

http://internacional.elpais.com/internacional/2015/03/08/actualidad/1425841264_576914.html