martes, 30 de noviembre de 2010

El poder del perdón




El poder del perdón

Dicen que ‘errar es humano y perdonar es divino’. Las doctrinas espirituales siempre lo han afirmado... pero ahora la ciencia confirma que perdonar ofrece grandes beneficios para la salud y la calidad de vida

Alina, un ama de casa de 27 años, no logra perdonar a su hermana Silvia, dos años mayor que ella, porque en una ocasión Silvia contó algo que Alina le dijo en confidencia y esto le causó graves problemas con su novio. El incidente ocurrió hace 10 años, cuando ambas eran adolescentes. ‘Pero a partir de ese momento supe que no podía confiar en ella. No logro perdonar su traición. Aún hoy la veo con recelo y no le cuento mis cosas’, admite Alina. Esto ha creado distancia entre las hermanas, quienes se tratan como simples conocidas.
Por más de 10 años, Daniela, una ejecutiva de 48 años, se entregó en cuerpo y alma a una empresa que, al final, le dio la promoción por la que ella tanto trabajó a una colega más joven. ‘Cada vez que pienso en eso me amargo. Me duele admitirlo, porque nunca me creí capaz de sentir algo así, pero odio a mi ex jefe’, confiesa.
Vanessa, una artista gráfica de 38 años, logró escapar de un régimen totalitario, donde fue interrogada y acosada por vecinos convertidos en agentes del gobierno. Ella asegura que jamás podrá perdonar a quienes fueron sus verdugos sicológicos.
’Durante muchos años viví en el terror, y eso es algo que no puedo olvidar. Pienso que si perdono, estoy exonerando a esas personas y, de alguna manera, le estoy faltando el respeto a todo el que sufrió como yo’.
Atrapadas sin salida
Como demuestran estos tres casos, la incapacidad de perdonar lo mismo puede ocurrir en un caso sencillo como el de Alina —que ha convertido un error de la adolescencia en un juicio total e inmutable de su hermana—como en uno tan terrible como el de Vanessa, que durante años sufrió sicológica y emocionalmente, y hasta temió por su vida.
Cada una se siente perfectamente justificada en su posición. De alguna manera, ellas sienten que al negarse a perdonar a estas personas, las están ‘castigando’ o, al menos, que imparten justicia. En otras palabras: consciente o inconscientemente, creen que olvidar el pasado de alguna manera ‘libera’ a sus victimarios de sus culpas. ¿La realidad? Son ellas quienes, al mantener vivo el rencor y el resentimiento, quedan atrapadas en esos sentimientos negativos, que afectan su paz mental y su salud. Perdonar las liberaría a ellas, no a sus ‘verdugos’, como les llama Vanessa. Además, el doctor Douglas Kelly, de Arizona State University, que trabaja con las parejas para ayudarlas en el proceso de sanar su relación, aclara que ‘perdonar no quiere decir que aceptamos las malas acciones de otros, o que estas no tienen consecuencias; perdonar es terapéutico...’
Porque como los sicólogos y los maestros espirituales de todas las religiones nos recuerdan, perdonar es algo que hacemos por nosotros mismos, no por la persona que nos hirió. Este concepto no es difícil de entender; sin embargo, muchas personas no captan su significado más profundo.

Carga tóxica
El rencor no es un sentimiento agradable. Cada vez que pensamos en la persona o en la circunstancia que lo provoca, volvemos a experimentar todas esas sensaciones desagradables que originalmente vivimos: ira, impotencia, frustración, dolor, ansiedad... Esa carga tóxica inunda nuestra mente y recorre nuestro organismo, y no hay que decir que esto no conduce a la felicidad, sino todo lo contrario: nos llena de amargura. ¿Te imaginas los estragos que esto causa en tu salud? Presión arterial elevada, dolor de cabeza, indigestión, calambres causados por la tensión muscular... Esto es solo parte del precio que pagas al no perdonar. Pero nada se compara con el daño que te causas en el plano emocional, porque el odio y el rencor apagan el espíritu; te quitan la energía vital positiva. Irónicamente, por ellos sigues siendo una víctima —esta vez voluntaria— de aquello que tanto te hirió en el pasado.
Como explica Caroline Myss, la famosa intuitiva médica, autora del best seller Anatomía del espíritu: mantener vivo el rencor es como si te hubieran hecho una herida física, que ya hubiese sanado, y a cada momento volvieras a abrirla, para sentir lo terrible y dolorosa que fue. Por algo dice un viejo proverbio chino: ‘La persona que quiere venganza, debe cavar dos fosas’.

Perdona... por ti
Sabemos que el perdón es uno de los fundamentos de todas las religiones del mundo. Pero ahora también la evidencia científica demuestra que perdonar tiene un efecto positivo en la salud y en la calidad de vida en general.
El doctor Frederick Luskin, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, en California, es fundador del Stanford Forgiveness Project, que estudia los efectos del perdón en el ser humano. Luskin también es el autor de Forgive for Good (traducción libre: Perdona para siempre). El afirma que perdonar nos libera para vivir a plenitud y con salud de mente, cuerpo y espíritu.
’Uno de nuestros estudios reveló que la persona promedio que aprende a perdonar, eleva su vitalidad, su apetito, sus patrones de sueño y su energía en un 15 por ciento’, explica. ‘Hemos aprendido que todo aquello que nos ayude a reducir la ira, el dolor y la depresión, puede reducir también la presión arterial y hacer a las personas más optimistas, energéticas y vitales’.
El resultado de las investigaciones demuestra que perdonar de corazón:
● Disminuye los niveles de ira y hostilidad
● Aumenta los sentimientos de amor
● Mejora la habilidad de controlar la ira
● Aumenta la capacidad de confiar en otros
● Nos libera de los sentimientos negativos asociados a eventos del pasado
● Nos permite dejar de repetir ciertos patrones negativos
● Mejora la salud en general
● Demuestra una mejora significativa en los desórdenes de índole sicológica.
Si perdonar es algo tan positivo y terapéutico, ¿por qué hay personas que no logran hacerlo genuinamente, de corazón?
"Nos han enseñado a sentir ira, a sufrir de depresión... pero nadie nos enseñó a perdonar’, dice Luskin. Afortunadamente, existen técnicas para aprender a liberarnos de los rencores del pasado.

El camino a la sanación
Perdonar no es una solución instantánea, sino la culminación de un proceso interior que toma tiempo y debe llevarse a cabo de forma consciente y voluntaria, nunca para complacer a otros o para acallar nuestra propia conciencia. Luskin, que además creó un sistema de varios pasos hacia el perdón, ofrece una fórmula breve para iniciar el proceso.
1Cambia la historia
’Las personas tienden a ver lo que les pasó como algo catastrófico. Yo les sugiero que hagan lo contrario’, explica Luskin. ‘Que en vez de hablar de la cosa tan terrible que les hicieron, hablen de lo que pueden hacer para lidiar con la situación, de cómo la están manejando, y de qué manera están creciendo y aprendiendo de ella’.
2Maneja el estres
Es necesario tener un sistema de manejo del estrés, ya sea la meditación, la visualización o una técnica de respiración... Por ejemplo: respirar con el diafragma, concentrar la atención en el corazón para practicar la compasión, o rezar por la otra persona, como recomienda la doctrina cristiana, reduce la reacción del sistema nervioso y nos pone en contacto con nuestro lado espiritual. En el momento mismo en el que aparece el pensamiento negativo, hay que reconocerlo: ‘Oh, de nuevo siento rencor’. Según Luskin, ‘ese es el momento de acudir a una práctica antiestrés’.
3Aclara tus pensamientos
’Muchos tienen una idea distorsionada de la vida, de cómo debe ser el mundo y de lo que este les debe. Hay que aceptar que no siempre podemos obtener lo que deseamos’.

por: Giselle Balido
http://www.crecimiento-personal.com/poder_perdon.htm

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